Llega un momento en que el ruido exterior se aquieta y la voz interior comienza a hablar. Bajo la superficie de la vida cotidiana existe un fundamento más profundo de quietud donde el verdadero yo aguarda ser conocido.

¿Qué hay por hacer, por ser, por tener?
¿Dónde reside el poder del ser?
Si lo que ya eres es perfecto, completo y parte de ti, ¿por qué esforzarse por alcanzar algo más?
¿Existe algún consuelo en el resultado?
¿O es el camino del descubrimiento el arte de la creación que buscamos?
Las preguntas sin respuesta se convierten en el faro hacia el hogar.
¿Es ese un lugar o un sentimiento?
¿Estamos dentro de nosotros mismos o miramos desde afuera?
¿Cuál es la verdadera naturaleza de la realidad si es percibida a través del filtro de nuestras suposiciones y el color de nuestras interpretaciones?
¿Quién es el verdadero observador en el centro de nuestro ser?
¿Quién soy? ¿Qué soy? ¿Qué vine a lograr aquí?
¿Me falta algo?
¿Soy capaz de aceptarme a mí mismo? ¿Soy todo lo que puedo ser?
Soy nada, pero en ese vacío descubro la perfección en mis imperfecciones.
Soy todo y todos en aquello que compartimos lo mismo.
El mismo corazón, las mismas ilusiones y las mismas aspiraciones.
La misma búsqueda de ese fragmento vacío y faltante en nuestro núcleo, que intentamos llenar desde afuera... Solo para descubrir que esa vasta vacuidad dentro de nosotros es la Chispa de la creación misma.
La Luz que se auto-enciende para apagar toda la oscuridad...
Una vez que me elevo en esta Luz, puedo ver mi verdadero ser, perfecto y completo desde el principio de los tiempos..
Una vez que me convierto en lo que ya soy, soy libre de las ilusiones, la búsqueda y la mortalidad de mi frágil yo para ser Uno con mi Ser Superior..
Recordé por qué vine aquí para ser.
Recordé quién siempre y para siempre soy verdaderamente.
Que esta reflexión te encuentre justo donde estás e ilumine con suavidad el siguiente paso ante ti. Camina en quietud, en valentía y en confianza.
Con amor, gratitud e iluminación,
